
Billy Bluff
Antes de ser este domador de imposibles, Alfredo Valero habitaba un mundo de blanco y negro, rígido como una partitura de mármol. A los 15 años ya era profesor de acordeón con sobresaliente; el “repelente niño Vicente” que ganaba concursos mientras tú aún no sabías qué era un bemol.
Durante años, su vida fue una “lavadora con teclas” que le llevó a los escenarios del Teatro de la Zarzuela, Teatro Clásico Nacional… y a compartir furgoneta y sudor con leyendas como La Orquesta Mondragón, Revolver o Radio Tarifa. A los 28 años, descubrió la magia en la escuela de Tamariz.




